jueves, 13 de agosto de 2015

¡No me llegas... a nada!



No me dijiste nada, solo… un silencio.

Recordé tu tono de voz, (aun lo guardaba), imaginé tus palabras mirándome a los ojos,
¡Imbécil de mí! Ilusa como un niño con el cuento de Peter Pan.

Sabía la verdad, toda ella, (¿la que duele eh?), pero… ¡dolía tanto!

Que preferí tus mentiras, tus estrellas fugaces, tus olas de mar, hasta llegué a elegir tus falsas sonrisas al dolor de la realidad.

Me habían enseñado que “estar” con alguien, significaba la “felicidad”, que el ir de la mano por la calle, era “ser pareja”, que un pico escurridizo era “amor”, que un roce en una mano, era “complicidad”, me había creído lo que esta puta sociedad me dijo.

Pero no, me dí cuenta que no es así, que el amor no se muestra… se siente,
 La complicidad no es un roce, es un revolcón de mentes.
Que no quiero un pico, ni besos delante de nadie, ¡que prefiero comerte la boca a escondidas!,
 Que dejarme querer, no es delito, ¡ni tocarme… ni tocarte!
 Que disfrutar mi cuerpo junto a tu piel, es hermoso y sensual, que me pone verte, tu cuerpo desnudo, tus carnes, tus “lorzas”, tu “imperfección” corporal… ¡que me excitas coño!, que me muero porque tus dedos me recorran, que entres en mi ser y me disfrutes, que tu boca no deje pliegue de piel sin saborear, ¡que tu lengua se pierda y vuelva a recorrerme!
Que sentir tu orgasmo me place más que el mío propio, tu mirada, mientras te siento dentro de mí… es mi cielo, que sentirme observada y saber tus pensamientos pícaros y “pornos” es una delicia, que simplemente saber que soy tu deseo, eso ya… me provoca a no dejarte marchar de mi vera.

¿Pero sabes? Esto ya no lo escribo para ti, tu lo perdiste, lo dejaste marchar, lo despreciaste, lo ignoraste, ahora es otro, alguien que si me valora, que me hace sentir mujer, ¡más mujer aun!
 Ahora confirmo, lo que ya sabía,  ¡cuanto valgo!.

 Y tú… no me llegas.

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